“Valiente no es aquel que enfrenta un problema, valiente es aquel
que no se deja vencer por ninguno”
Anónimo
Crecimiento demográfico y Sostenibilidad
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¿Por qué constituye un problema el
crecimiento demográfico?
Dada la frecuente resistencia a aceptar que el
crecimiento demográfico representa hoy un grave problema (Vilches y Gil, 2003),
conviene proporcionar algunos datos acerca del mismo que permitan valorar su
papel, junto al hiperconsumo de una quinta parte de la humanidad, en el actual
crecimiento no sustentable y situación de auténtica emergencia planetaria
(Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, 1988; Ehrlich y Ehrlich,
1994; Brown y Mitchell, 1998; Folch, 1998; Sartori, y Mazzoleni, 2003; Diamond,
2006; Engelman, 2012).
- A lo
largo del siglo XX la población se ha más que cuadruplicado. Y aunque se
ha producido un descenso en la tasa de crecimiento de la población, esta
sigue aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede duplicarse
de nuevo en pocas décadas. La Comisión Mundial del Medio Ambiente y del
Desarrollo (1988) señaló hace tiempo las consecuencias: “En muchas partes
del mundo, la población crece según tasas que los recursos ambientales
disponibles no pueden sostener, tasas que están sobrepasando todas las
expectativas razonables de mejora en materia de vivienda, atención médica,
seguridad alimentaria o suministro de energía”.
- Alrededor
de un 40% de la producción fotosintética primaria de los ecosistemas
terrestres es usado por la especie humana cada año para, fundamentalmente,
comer, obtener madera y leña, etc. Es decir, la especie humana está
próxima a consumir tanto como el conjunto de las otras especies.
- Como
explicaron los expertos en Sostenibilidad, en el marco del llamado Foro de
Río + 5, la actual población precisaría de los recursos de tres Tierras
(!) para alcanzar un nivel de vida semejante al de los países
desarrollados. Puede decirse, pues, que hemos superado ya la capacidad
de carga del planeta, es decir, la máxima cantidad de seres humanos
que el planeta puede mantener de forma permanente. De hecho se ha estimado
en 1,7 hectáreas la biocapacidad del planeta por cada habitante (es decir
el terreno productivo disponible para satisfacer las necesidades de cada
uno de los más de 7000 millones de habitantes del planeta) mientras que en
la actualidad la huella ecológica media por habitante es
de 2,8 hectáreas.
- “Incluso
si consumieran, en promedio, mucho menos que hoy, los nueve mil millones
de hombres y mujeres que poblarán la Tierra hacia el año 2050 la
someterán, inevitablemente, a un enorme estrés” (Delibes y Delibes, 2005).
Preocupaciones semejantes ante el crecimiento
explosivo de la población llevaron a Ehrlich y Ehrlich (1994), hace ya más de
una década, a afirmar con rotundidad: "No cabe duda que la explosión
demográfica terminará muy pronto. Lo que no sabemos es si el fin se producirá
de forma benévola, por medio de un descenso de las tasas de natalidad, o
trágicamente, a través de un aumento de las tasas de mortalidad". Y
añaden: "El problema demográfico es el problema más grave al que se
enfrenta la humanidad, dada la enorme diferencia de tiempo que transcurre entre
el inicio de un programa adecuado y el comienzo del descenso de la
población". Y aunque se puede discrepar de que constituya “el problema más
grave”, sí cabe reconocer que “se superponen los dos factores que están
asociados de forma permanente e indisoluble al impacto de la humanidad sobre el
ambiente: de un lado, el derroche de los más ricos, y de otro, el enorme tamaño
de la población mundial” (Delibes y Delibes, 2005). Se trata de “bombas de
relojería con mechas de menos de 50 años” (Diamond, 2006). El reto definitorio
del siglo XXI será afrontar la realidad de que la humanidad comparte un destino
común en un planeta superpoblado (Sachs, 2008, p. 17).
Ehrlich y Ehrlich (1994) también llamaron la
atención sobre el hecho de que “la superpoblación de los países ricos,
desde el punto de vista de la habitabilidad de la Tierra, es una amenaza más
seria que el rápido crecimiento demográfico de los países pobres”. Es por ello
que conviene distinguir entre superpoblación y crecimiento demográfico. En
África el crecimiento demográfico es hoy muy superior al de Europa, pero Europa
está mucho más poblada que África, es Europa la que está superpoblada.
Es el mundo rico, ya superpoblado, el que tiene un consumo per
cápita muy superior al de los africanos y el que más contribuye, por tanto, al
agotamiento de los recursos, a la lluvia ácida, al calentamiento del globo, a
la crisis de los residuos, etc.
Por otro lado, las predicciones más optimistas no
consideran que la población pueda bajar de 9000 millones a mitad del siglo XXI.
Hay muchos programas de planificación familiar en el mundo, pero funcionan
mejor en aquellos países en que la renta está más justamente repartida que en
los que no lo está. Esos programas se han visto más eficaces cuando van
dirigidos a las mujeres y cuando plantean mejorar los niveles sanitarios y de
educación de las mujeres en esos países más pobres. Sin la participación plena
de las mujeres en los programas de planificación familiar no habrá un
desarrollo equilibrado en los países con índices de crecimiento elevado. En
palabras del Nobel de Economía Amartya Sen: “El desarrollo económico puede
distar de ser el mejor anticonceptivo, pero el desarrollo social –especialmente
la educación y el empleo femeninos- puede ser muy eficaz”. Esto lo señala en su
libro Desarrollo y Libertad (Sen, 2000) al plantear su
preocupación por la tasa de crecimiento de la población mundial y la necesidad
de soluciones para el control de la natalidad y el logro de una paternidad y
maternidad responsables.
Estos planteamientos contrastan, sin embargo, con
la creciente preocupación que se da en algunos países por la baja tasa o índice
de natalidad local que junto al aumento de la esperanza de vida conduce a
crecientes y supuestamente insostenibles índices de dependencia,
que miden la proporción entre la población que no está en edad de trabajar
–niños y jubilados- y la población potencialmente activa.
El problema de los bajos índices de
natalidad
Se trata de una preocupación frecuentemente aireada
por los medios de comunicación y que conviene abordar. Se ha llegado incluso a
afirmar, en un informe de la ONU sobre la evolución de la población activa, que
se precisa un mínimo de 4 a 5 trabajadores por pensionista para que los
sistemas de protección social puedan mantenerse. Por ello se teme en muchos
países desarrollados que, dada su baja tasa de natalidad (número de nacidos
vivos en un año por cada 1.000 habitantes) –o, más precisamente, baja tasa de
fecundidad (número de nacimientos con vida en un año por cada 1.000 mujeres de
edades comprendidas entre los 15 y los 49 años)- esta proporción entre
trabajadores activos y jubilados descienda muy rápidamente, haciendo imposible
el sistema de pensiones.
Digamos que un problema como este, aunque parezca
relativamente puntual, permite discutir, desde un nuevo ángulo, las
consecuencias de un crecimiento indefinido de la población, visto como algo
positivo a corto plazo. En efecto, pensar en el mantenimiento de una proporción
de 4 o 5 trabajadores por pensionista es un ejemplo de planteamiento centrado en
el "aquí y ahora" que se niega a considerar las consecuencias a medio
plazo, pues cabe esperar que la mayoría de esos "4 o 5 trabajadores"
deseen también llegar a ser pensionistas, lo que exigiría volver a multiplicar
el número de trabajadores, etc., etc. Ello no es sostenible ni siquiera
recurriendo a la inmigración, pues también esos inmigrantes habrán de tener
derecho a ser pensionistas.
Tales planteamientos son un auténtico ejemplo de
las famosas estafas "en pirámide" (nunca mejor dicho cuando se trata
de la pirámide poblacional), condenadas a producir una bancarrota global y una
muestra de cómo los enfoques parciales, manejando datos puntuales, conducen a
conclusiones erróneas. Es lo que ocurre cuando se pretende resolver un único
problema (bien la explosión demográfica, bien el envejecimiento de la
población) sin tener en cuenta su vinculación con otros estrechamente
vinculados. Por eso, Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA (Fondo
de Población de Naciones Unidas), señalaba en el informe Estado de la
población mundial 2011 que la pregunta a hacerse no es si somos o no
demasiado numerosos, sino ¿qué podemos hacer para que nuestro mundo sea
mejor? Dicho de otra manera, el problema demográfico no puede
resolverse con planteamientos que solo atiendan a un aspecto del mismo desde un
cierto aquí y ahora, sino que debe contemplarse, tal como recomienda la Ciencia de la Sostenibilidad, con una visión holística, plenamente interdisciplinaria,
y una perspectiva espacial y temporal amplia.
Como señala Sachs (2008, pp. 219-220), “aunque la
tasa de crecimiento demográfico del mundo ha descendido, toda complacencia en
relación con este tema está fuera de lugar. La población mundial continúa
incrementándose a marchas forzadas y en las regiones con menor capacidad para
garantizar la salud, la estabilidad y la prosperidad de la población (…) El
mundo debería adoptar un conjunto de medidas que contribuyeran a estabilizar la
población mundial, mediante decisiones voluntarias, en una cifra en torno a los
ocho mil millones de habitantes, en lugar de mantener la actual trayectoria que
probablemente nos situará en los nueve mil millones o más en el año 2050”.
Podemos hablar así de la necesidad de una “Nueva cultura demográfica”, tan
necesaria para la transición a la Sostenibilidad como la “Nueva cultura
energética”, la “Nueva cultura del agua”, etc. Una cultura demográfica que
tenga en cuenta la estrecha vinculación de los problemas y su carácter glocal
(a la vez global y local), evitando los planteamientos localistas y a corto
plazo, lo que obliga a transformar la actual pirámide poblacional, con muchos
más jóvenes que personas ancianas –insostenible porque exige el crecimiento
permanente de la población- en un cilindro de crecimiento cero con números
similares de seres humanos en los distintos grupos de edad. Como explica
Engelman (2012), hay que “adaptarse al envejecimiento de la población en vez de
intentar retrasarlo a través de incentivos o programas gubernamentales
destinados a aumentar la natalidad (…) Incluso si los actuales responsables de
las políticas pudieran incrementar el aumento de la población fomentando
índices de natalidad más elevados o la inmigración, tendrían que lidiar con los
problemas del envejecimiento en un futuro”.
Brown y Mitchell (1998) resumían así la cuestión:
"La estabilización de la población es un paso fundamental para detener la
destrucción de los recursos naturales y garantizar la satisfacción de las
necesidades básicas de todas las personas". Con otras palabras: "Una
sociedad sostenible es una sociedad estable demográficamente, pero la población
actual está lejos de ese punto". En el mismo sentido se pronunció la
Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (1988): "la reducción
de las actuales tasas de crecimiento es absolutamente necesaria para lograr un
Desarrollo Sostenible".
El derecho a una maternidad y
paternidad responsables
Hoy, cuando ya hemos sobrepasado los siete mil
millones de habitantes en el planeta, es necesario centrar la atención en uno
de los requisitos fundamentales para poder abordar adecuadamente las posibles
medidas frente al problema demográfico: el reconocimiento del derecho humano
básico de determinar libre y responsablemente el número y el espaciamiento de
los hijos, accediendo a la información y procedimientos de planificación
familiar compartida entre hombres y mujeres, así como a los servicios de salud
sexual y reproductiva necesarios para poder ejercer este derecho (Engelman,
2012).
El aumento de la población mundial hasta llegar en
la actualidad a más de 7 mil millones en 2011 (en 1950 la población era de 2,5
mil millones) ha tenido profundas consecuencias para el desarrollo. Un mundo de
siete mil millones, supone un desafío con repercusiones en la Sostenibilidad,
la urbanización, el acceso a los servicios de salud y el empoderamiento de los
jóvenes. El 11 de julio de 2012 en el Día Mundial de Población cuyo lema era
“Acceso universal a los servicios de salud reproductiva”, Ban Ki-moon,
Secretario General de Naciones Unidas, declaró: “En este Día Mundial de la
Población, hago un llamamiento para que los Estados Miembros adopten con
urgencia medidas concertadas para reducir la disparidad que existe entre la
demanda y la oferta de servicios de salud reproductiva”. Como se señala en la
web de NU dedicada a la Población, unos 222 millones de mujeres que quieren
evitar o posponer el embarazo no tienen acceso a una planificación de familiar
efectiva. Casi 800 mujeres mueren cada día durante el parto. Alrededor de 1,8
mil millones de jóvenes están iniciando su etapa reproductiva, muchas veces sin
la información, los conocimientos y los servicios que necesitan para protegerse
a sí mismos. Por ello Ban Ki-moon ha insistido en que “La salud y los derechos
reproductivos son esenciales para el Desarrollo Sostenible y la reducción de la
pobreza. La inversión en el acceso universal a la salud reproductiva es una
inversión crucial para lograr sociedades saludables y un futuro más sostenible”
(http://www.unfpa.org/public/world-population-day/).
Es preciso, en particular, acabar con los 16
millones de embarazos de menores de edad que dan a luz cada año y con los más
de 3 millones de abortos clandestinos de adolescentes que se realizan sin las
debidas garantías, poniendo en riesgo sus vidas. En el Día Mundial de la
Población que se celebra cada 11 de julio, en el de 2013 cuyo tema fue “El
embarazo en la adolescencia”, Ban Ki-moon señalaba: “Si dedicamos atención y
recursos a la educación, la salud y el bienestar de las adolescentes, estas se
transformarán en una fuerza aún más poderosa para el cambio positivo de la
sociedad, que tendrá efectos en las generaciones venideras. En este Día Mundial
de la Población, comprometámonos a apoyar a las adolescentes para que puedan
hacer realidad su potencial y contribuir a nuestro futuro común”. “Debemos
asegurarnos de que todos los embarazados son deseados, todos los nacimientos
son seguros y que todos los niños pueden desarrollar su potencial”. Eso
es lo que reclama en 2013 el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) con
el eslogan “By Choice, not by Chance”, es decir, “Por elección, no por azar”.
Ni por azar ni por imposición de fundamentalismos religiosos que persisten en
vincular sexualidad a procreación. Por elección responsable, atendiendo al
bienestar de los nuevos seres y del conjunto de la especie humana (ver Igualdad de Género).
Cabe señalar que el problema del aumento de la
población por encima de la capacidad de carga del planeta está recibiendo una
creciente atención, tanto de las instituciones internacionales como de la
ciudadanía. Podemos referirnos así a la Fundación para la Población
Óptima (Optimum Population Trust, OPT), asociación sin ánimo de lucro
con sede en el Reino Unido que promueve la reflexión sobre el impacto del
crecimiento de la población en el medio ambiente y lleva a cabo campañas sobre
la necesidad de estabilización de la población (verhttp://populationmatters.org/about/).
Para mejor comprender el proceso de explosión
demográfica y las vías de solución conviene analizar cómo se ha producido en
distintos países el proceso denominado transición demográfica.
La transición demográfica
Ejemplificaremos lo que se entiende por transición
demográfica refiriéndonos lo sucedido desde fines del siglo XVIII en lo que hoy
se conoce como países desarrollados.
En la Europa del siglo XVIII cada mujer tenía seis
hijos por término medio, pero la población apenas aumentaba porque la mayoría
de esos niños y niñas no llegaba a la edad adulta. Pero con la mejora de las
condiciones de vida que acompañó a la revolución industrial y a la explotación
de las colonias (una mejor nutrición y saneamiento, la invención de las
vacunas, etc.), la mortalidad infantil decreció y la esperanza de vida aumentó;
y como las parejas seguían teniendo muchos hijos, se produjo un crecimiento
explosivo de la población. Al cabo de una generación, las parejas pasaron a
tener menos hijos, con lo que las tasas de nacimientos y muertes volvieron a
aproximarse poniendo fin a la explosión demográfica; pero durante ese periodo
de transición demográfica, la Europa Industrial se había superpoblado y
envejecido.
Un proceso similar ocurrió a escala planetaria tras
la Segunda Guerra Mundial, gracias en particular a la extensión de la medicina
preventiva, dando lugar a una explosión demográfica mundial porque las parejas
siguieron teniendo más hijos que los necesarios para la reposición. Por
supuesto la tasa de nacimientos descenderá en estos países, como ocurrió en
Europa y la población mundial dejará de crecer, pero se estabilizará en cifras
que posiblemente sobrepasen ampliamente la capacidad de carga del planeta, algo
que quizás nuestra civilización no pueda resistir. El problema actual estriba,
pues, en lograr que la transición demográfica termine lo antes posible, es
decir, en conseguir que el número de nacimientos por pareja deje de sobrepasar
la tasa de reposición. Ello supondrá que durante un cierto tiempo la pirámide
poblacional se invierta y crezca más el número de ancianos que el de jóvenes.
Es más, puede llegar a ocurrir que el número de muertes llegue a superar
provisionalmente al de nacimientos y que la población solo se estabilice tras
una cierta disminución. Todo ello plantea, sin duda, problemas que deben ser
previstos, pero menores que los que conlleva el crecimiento indefinido de la
población, algo absolutamente insostenible, o su estabilización en cifras
demasiado elevadas para garantizar la Sostenibilidad de los recursos y
ecosistemas, así como el necesario mantenimiento de la biodiversidad: pensemos
que la población humana actual está ya próxima a consumir tanta producción
fotosintética como el conjunto de las otras especies, lo que supone un
indudable ataque al equilibrio de la biosfera y está provocando extinciones
masivas que, de continuar, arrastrarían consigo a la propia especie humana (ver Biodiversidad). En definitiva, el bienestar durable del conjunto
de los seres humanos exige que la actual transición demográfica no estabilice
la población en cifras muy superiores a las actuales. Buscar soluciones a los
actuales desequilibrios demográficos por la vía del rejuvenecimiento de la
población conduce a seguir aumentando el ya muy elevado número de seres
humanos, algo insostenible. Hay, por supuesto, otras soluciones, solidarias con
la superación del actual modelo socioeconómico, basado en el crecimiento
económico indefinido al servicio de intereses a corto plazo (ver Economía y Sostenibilidad).
Es necesario, en todo caso, erradicar las barreras
educativas y legislativas que se oponen a una vida afectiva y sexual
satisfactoria y a una maternidad y paternidad responsables. Es preciso reclamar
la desaparición de las leyes que criminalizan los medios mal llamados
“anticonceptivos”. Medios gracias a los cuales las concepciones pueden ser el
fruto de decisiones responsables y no la consecuencia indeseada del
desconocimiento o de la imposición de fundamentalismos religiosos que exigen
asociar sexualidad exclusivamente a procreación.
Es preciso, en particular, exigir la participación
social de las mujeres, a través de la educación. El año 2009, UNFPA (Fondo de
Población de Naciones Unidas) dedicó el día Mundial de Población a incentivar
la inversión en educación y salud para las mujeres y las niñas, como paso
necesario para avanzar en la disminución de la pobreza, la universalización de
los derechos humanos y la igualdad de género (ver Igualdad de Género).
Como señaló Kofi Annan en su discurso de
celebración del 11 de Julio de 1999:
En este último año del milenio, el Día Mundial de
Población comienza la cuenta regresiva para el Día de los Seis Mil Millones -12
de Octubre de 1999 – fecha seleccionada para simbolizar el momento en que la población
mundial rebase la marca de los 6 mil millones. Tan impresionante como es este
número, debe ser, más que cualquier otra cosa, un recordatorio de que la
población no solo es cuestión de números. Es una cuestión de seres humanos, una
cuestión de individuos, una cuestión de cada uno de nosotros. Se trata de que
cada mujer y cada hombre sean capaces de tomar decisiones libres, informadas y
en igualdad, incluyendo el tamaño de su familia y el espaciamiento entre sus
hijos. Se trata de que cada hombre y cada mujer sean capaces de mantener a los
hijos que eligieron tener, de asegurar su bienestar y de darles una vida digna.
Se trata de libertad individual, de derechos humanos y de Desarrollo Sostenible
para todos.
Y junto al reconocimiento de derechos individuales
fundamentales, resulta imprescindible una profunda transformación del modelo
socioeconómico actual, por el que un 1% de la población posee casi la mitad de
la riqueza mundial (Informe Oxfam 178 de enero 2014). Con esta apropiación de
la riqueza y capacidad de decisión económica por una ínfima minoría, es
ciertamente imposible garantizar un bienestar aceptable para el conjunto de una
población demográficamente estable… pero tampoco lo garantiza actualmente, como
es bien evidente, con una pirámide con muchos más jóvenes que ancianos:
millones de jóvenes en todo el mundo carecen hoy de trabajo decente, mientras
se elevan las edades de jubilación y crece la riqueza de los multimillonarios.
Este modelo depredador e insolidario ha de dejar paso a una economía del bien
común, sostenible, que promueva la universalización de todos los derechos
humanos –incluido el derecho a un ambiente saludable- para el conjunto de la
población y las generaciones futuras.
Esto es algo que parece haberse comprendido en el
diseño de la Agenda de Desarrollo Sostenible Post-2015 en la que Naciones
Unidas trabaja actualmente (ver Objetivos de Desarrollo Sostenible). Esta Agenda ha de tomar en
consideración la rápida evolución hacia una población con mayor proporción de
ancianos y promover la integración de las personas mayores en la transición a
la Sostenibilidad como un activo y no como una carga.
Referencias en este tema “Crecimiento
demográfico y Sostenibilidad”
BROWN, L. R. y
MITCHELL, J. (1998). La construcción de una nueva economía. En Brown, L. R., Flavin, C. y
French, H. La situación del mundo 1998. Barcelona: Ed.
Icaria.
COMISIÓN MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DEL DESARROLLO (1988). Nuestro
Futuro Común. Madrid: Alianza.
DELIBES, M. y DELIBES DE CASTRO, M. (2005). La Tierra herida. ¿Qué
mundo heredarán nuestros hijos?Barcelona: Destino.
DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate.
EHRLICH, P.R. y EHRLICH, A.H. (1994). La explosión demográfica. El
principal problema ecológico. Barcelona: Salvat.
ENGELMAN, R. (2012). Nueve estrategias para no alcanzar una población de 9000
millones. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia
una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 9).
FOLCH, R. (1998). Ambiente, emoción y ética. Barcelona: Ed.
Ariel.
SACHS, J. (2008). Economía para un planeta abarrotado. Barcelona:
Debate.
SARTORI, G. y MAZZOLENI, G. (2003). La Tierra explota.
Superpoblación y Desarrollo. Madrid: Taurus.
SEN, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta.
VILCHES, A. y GIL, D. (2003). Construyamos un futuro sostenible.
Diálogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Presss. Capítulo 9.
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Profe aca mi trabajo !!
ResponderEliminarA:
A lo largo del siglo XX la población se ha más que cuadruplicado. Y aunque se ha producido un descenso en la tasa de crecimiento de la población, esta sigue aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede duplicarse de nuevo en pocas décadas.
B:
-este Día Mundial de la Población, comprometámonos a apoyar a las adolescentes para que puedan hacer realidad su potencial y contribuir a nuestro futuro común
-Es una cuestión de seres humanos, una cuestión de individuos, una cuestión de cada uno de nosotros
C:
notamos con el tiempo que la poblacion va aumentando
D:
en el video habla que la población mundial se ha más que cuadruplicado y sigue aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede duplicarse de nuevo en pocas décadas.
E:
El aumento de la población mundial hasta llegar en la actualidad a más de 7 mil millones en 2011 (en 1950 la población era de 2,5 mil millones) ha tenido profundas consecuencias para el desarrollo. Un mundo de siete mil millones, supone un desafío con repercusiones en la Sostenibilidad, la urbanización, el acceso a los servicios de salud y el empoderamiento de los jóvenes. El 11 de julio de 2012 en el Día Mundial de Población cuyo lema era “Acceso universal a los servicios de salud reproductiva”, Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, declaró: “En este Día Mundial de la Población, hago un llamamiento para que los Estados Miembros adopten con urgencia medidas concertadas para reducir la disparidad que existe entre la demanda y la oferta de servicios de salud reproductiva”. Como se señala en la web de NU dedicada a la Población, unos 222 millones de mujeres que quieren evitar o posponer el embarazo no tienen acceso a una planificación de familiar efectiva. Casi 800 mujeres mueren cada día durante el parto.
F: lo importante es que la poblacion aumenta